viernes, 18 de septiembre de 2009

¡¡¡ A NADARRR!!!!!

Vivíamos en un club, y, por supuesto, aprendíamos a nadar con un profesor que enseñaba a un grupo numeroso de alumnos.
En esa época, la pileta se vaciaba los domingos a la tardecita, para limpiarla y se volvía a llenar, pero tardaba 2 ó 3 días, así que recién el jueves estaba completa y... ¡¡heladaaa!!. Pero a mi no me asustaba el frío e igual me metía. Siempre fui una amante de los juegos en el agua.
Puchy y yo aprendimos a nadar muy bien, enseguida, con algunos temores, especialmente cuando nos llevaban a la parte honda, o nos paseaban agarrados del salvavidas alrededor de toda la pileta.
Pero..., siempre hay un pero. Al que le costaba adentrarse en estas clases era a nuestro hermano Luisito.
Él, estaba anotado en las clases para su edad, los más chiquitos. A su debida hora llegaba, en malla, con la toalla atada al cuello tipo capa (es como si lo estuviera viendo), con su cabeza rapada y su cuerpito flaco y pequeño.
Cuando el Profe lo veía, lo llamaba: - Luisito! vení, metete -
Él tenía miedo y temblaba como una hoja, pero no de frío.
El `profesor volvía a insistir: - ¿Porqué no te metes?-
Y la contestación era - ¡Porque tengo una muela pinchada!-
Y...... ¡Alguna excusa había que tener !!!!!